Exigencia

Casi palpable,
mi exigencia
comparte
conmigo,
la preocupación
espartana
por la limpieza
en los remotos
rincones
de mi casa.

Cuestiona
sin reparos,
sobre la
forma
más exacta
y sutil,
de acomodar
los platos
en el escurridor.

Tiránica,
vive en su propio
y desquiciado intento
de ser una exigencia
perfecta:
trabaja horas extras,
esforzandose
por sentirse
completamente
satisfecha,
y me hace
repetir,
una y otra vez,
el orden y
la composición
de las palabras
de este poema.

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