De las ciudades vacías o cuando el destino nos alcance

Hoy que finalmente ha llovido, la ciudad empieza a limpiarse un poquito de tanto calor, pesadumbre, desamparo, informaciones contradictorias, encierros. Todo parece haber vuelto a la normalidad y sólo algunas personas con sus tapabocas al cuello, parecen resistir a retomar el curso de la cotidianidad. Mientras tanto, añado la influenza a mi lista de miedos, junto al temor del aumento de la temperatura por el calentamiento global, el crecimiento del narco-estado, las enfermadad de las vacas locas, la gripe aviar, en fin, cosas de la vida en este nuevo milenio.

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