Entradas

Postergar . . .

Hace ya algunos meses, compré un par de tortugas japonesas con todo y su tortugario amarillo psicodélico que incluía su pequeña palmerita de plástico. Pues estas pequeñas mascotas han sido todas unas sobrevivientes de mi negilgencia y malos cuidados. Y tiene unas tres semanas que una de las tortugas dejó de comer sus camaroncitos. Me tardé dos semanas en darme cuenta de que no abría los ojos, y apenas ayer en internet me enteré que esta inflamación en los ojos es más o menos común y que tiene que ver con una dieta baja en proteínas. Hoy le fui a comprar unas gotitas y fue una verdadera hazaña intentarle limpiarle los ojos con un cotonete. Y no puedo evitar sentirme terriblemente culpable al escribir acerca de este terrible hábito de postergar. Es cierto que uno se exige mil cosas, piensa diez mil otras y acaba haciendo dos de ellas, ninguna verdaderamente importante. Pasamos la vida pensando que el tiempo (here it comes again) es infinito y que todo se podrá acomodar cual archivo en of...

El Tiempo

23: Otro reloj muy respetado en Mogador es el mar con su conmovedora insistencia. Las olas van y vienen sobre las murallas sembrando en la ciudad una terca sensación de ritmo constante que todo lo toca. La humedad de la piel, de la ropa, de los rincones, de los libros y hasta del aire es una clara medida del tiempo. En Mogador, el tiempo es líquido. Afirman que cambia la sed y ayuda a los amantes en sus penetraciones. "Al amor, dale tiempo", es algo que se oye con frecuencia mientras se hace el gesto de untarse algo. Y se acompaña todo eso con una sonrisa. Alberto Ruy Sánchez, en Nueve veces el asombro Y de repente, el tema del tiempo aparece nuevamente en mi vida. Estudiar sus diferencias se ha convertido en un acto cotidiano en mi trabajo: matizo entre el tiempo como instante (lo que observamos en un cronómetro o reloj) y el tiempo como duración (un intervalo de tiempo). Aunque a mi lo que verdaderamente me apasiona, robándome tiempo, es pensar en cómo el hombre percibe el ...

Bebel Gilberto - Momento

Lenine

Teatro de la ciudad. 8:00 PM Una de las cosas que más disfruto de la Amistad es la posibilidad de compartir las sensaciones que te despierta ese viaje que significa la música. Esas travesías, donde se conocen entonaciones y emociones de diferentes colores, a veces parecen lejanas y exóticas y otras muy cercanas. Escuché a Lenine por primera vez hace bastante tiempo y conservo tres discos que son herencia de Adriana, que ahora goza de la capoeria en Bahia. Recibo el aviso de este maravilloso concierto por la pequeñita que vive y ama en Rio, y asistí al concierto con dos grandes chicas. El teatro nunca me había parecido tan íntimo, los sonidos de los metales combinada con la voz de Lenine me encantaron. Un berimbau zumbaba en mi cabeza y la letra de esta canción me sigue acompañando: Solidão, o silêncio das estrelas, a ilusão Eu pensei que tinha o mundo em minhas mãos Como um deus que amanhece mortal E assim, repetindo os mesmos erros, dói em mim Ver que toda essa procura não tem fim ...

Glorieta

Cada mañana, al pasar por la glorieta, circulo la solitaria simetría en donde todo converge: los pasos y caminos, el torbellino de inquietudes y pensamientos que giran alrededor de la vieja fuente, que ignora ser eje de simetría. El ensueño que cobija este barrio transformado por la precesión permanente, pasa siempre por los mismos lugares y nos regresa siempre a lo que somos, impulsado por la lenta e irresistible inercia de la ciudad.

Ciudad fractal

Arriba, desde lo alto, la ciudad descubre sus dendritas que se extienden y se alargan, a lo ancho y largo de la suave y fútil frontera: mancha gris desparramada, geometría que gana terreno sobre el frágil verde que nos rodea. Dentro, hacia nosotros, la ciudad se cuela por los poros y orificios que conforman esa otra frontera entre el afuera y la entramada red de caminos que recrean las calles y avenidas, los grandes parques, las solitarias alamedas. La ciudad dentro y fuera es la marca que llevamos indeleble e indecible y que guarda la secreta simetría, que se repite, y se refleja a si misma.

Nacer junto al mar

De haber nacido junto al mar el río de Heráclito habría sido un oceano de quietud inalterable, pero siempre cambiante: porque el mar que es uno solo y que es todos los mares, multiplica el reflejo de los colores de nuestros deseos. De haber nacido en el mar no escribiría versos nostálgicos de ola y sal camino al trabajo en el aletargado vaivén de esa otra onda que mece tranquila el viaje del pesero.