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Aferrarse

Y estoy de vuelta, escribiendo en este blog, tratando de aferrarme a algo cotidiano, que hacía antes con regularidad, ahora que voy a tener más tiempo, mientras dure este periodo de cuarentena en la ciudad. El principio de incertidumbre se vuelve terriblemente tangible: salgo a la calle o me quedo en mi casa, salimos de la ciudad (¿a dónde?) o nos petrechamos con cubrebocas para poder salir a la calle. Una mezcla de emociones se arremolinan en mi cabeza. Pienso ahora en el miedo que sentía de niño, que me hacía despertar algunas noches y vigilar atrás de una cortina el cielo, esperando que no se desatara la tercera guerra mundial, y que las bombas atómicas no cayeran en la ciudad. Eran mis pesadillas de entonces. Pienso también en mis miedos más banales, esos que me acompañan cotidianamente, que me estorban como piedritas pequeñas, pero que no me impiden seguir avanzando. Ahora un miedo diferente me acecha, en una época importante de mi vida, con un pequeño ser en camino, en el vientr...

Ciudad fractal

Arriba, desde lo alto, la ciudad descubre sus dendritas que se extienden y se alargan, a lo ancho y largo de la suave y fútil frontera: mancha gris desparramada, geometría que gana terreno sobre el frágil verde que nos rodea. Dentro, hacia nosotros, la ciudad se cuela por los poros y orificios que conforman esa otra frontera entre el afuera y la entramada red de caminos que recrean las calles y avenidas, los grandes parques, las solitarias alamedas. La ciudad dentro y fuera es la marca que llevamos indeleble e indecible y que guarda la secreta simetría, que se repite, y se refleja a si misma.

Cicatrices

Yo no vivo en una ciudad de rutas impecables, de asfaltos tersos satinados, que brillan y reflejan la luz del sol. Mis calles, que a penas con esfuerzo sostienen nuestros sueños, están llenas de grietas y de baches, con enmiendas que intentan, no sin cierto sentido de lo heroico, camuflar los innumerables vacíos, los trechos inconclusos por los que pasamos día a día. Cada cierto tiempo, varios hombres son contratados para abrir más hoyos, taladrar la piel oscura, injertar tubos, remiendos, tapando, volviendo llenar, extraño juego interminable: Llenar la ciudad de cicatrices, hacerla nuestra marcando las pausas y los espacios con que escribimos nuestra historia.