Nacer junto al mar
De haber nacido junto al mar el río de Heráclito habría sido un oceano de quietud inalterable, pero siempre cambiante: porque el mar que es uno solo y que es todos los mares, multiplica el reflejo de los colores de nuestros deseos. De haber nacido en el mar no escribiría versos nostálgicos de ola y sal camino al trabajo en el aletargado vaivén de esa otra onda que mece tranquila el viaje del pesero.