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Hoy

Una hoja se sostiene con esmero: cae el otoño.

Haiku

Cuando la voz del remo bate el mar se hielan mis entrañas de noche. Lágrimas. Buson

Exigencia

Casi palpable, mi exigencia comparte conmigo, la preocupación espartana por la limpieza en los remotos rincones de mi casa. Cuestiona sin reparos, sobre la forma más exacta y sutil, de acomodar los platos en el escurridor. Tiránica, vive en su propio y desquiciado intento de ser una exigencia perfecta: trabaja horas extras, esforzandose por sentirse completamente satisfecha, y me hace repetir, una y otra vez, el orden y la composición de las palabras de este poema.

Mar de casas en Tezonco

Gris el polvo: aire mancillado, periferia de ciudad. Desnudos los techos, esperan impacientes, a los ojos, que completen lo que las varillas y castillos nos sugieren: pisos imaginarios, que culminan en paredes de colores, rematadas con ventanas circulares: artificios del deseo que proyectan desafiantes las formas de los sueños y las fugas. Rojo el monte que contempla desgajado, el crecimiento inexorable de nuestros anhelos, que intentan cubrir el horizonte, con una fina capa gris de ensueño.

Lunes paseando por el centro

Lunes caminando por las calles del centro Atravieso un paisaje lunar, caminando por las calles del centro. Los cráteres emergen cual heridas sonrientes y sangrantes abiertas al cielo: flores de adoquines. Apenas los ruidos de las máquinas, los murmullos de los picos y las palas contienen los gritos de las calles que gimen sus años, la consistencia que sostiene nuestros pasos. La ciudad estoica, soporta nuestros caprichos. Conserva, intacta, su fatalidad de ciudad cambiante, y al mismo impenetrable forjada a fuerza de la exigencia de vivir en un ciudad nítida e impecable.

Cicatrices

Yo no vivo en una ciudad de rutas impecables, de asfaltos tersos satinados, que brillan y reflejan la luz del sol. Mis calles, que a penas con esfuerzo sostienen nuestros sueños, están llenas de grietas y de baches, con enmiendas que intentan, no sin cierto sentido de lo heroico, camuflar los innumerables vacíos, los trechos inconclusos por los que pasamos día a día. Cada cierto tiempo, varios hombres son contratados para abrir más hoyos, taladrar la piel oscura, injertar tubos, remiendos, tapando, volviendo llenar, extraño juego interminable: Llenar la ciudad de cicatrices, hacerla nuestra marcando las pausas y los espacios con que escribimos nuestra historia.

Mareo

a Mateo Barkovich El día en que el mar se metió en mi, yo había pasado toda la mañana en una alberca aprendiendo a bucear, a adentrarme en mi mismo. Para descansar, decidí darme un chapuzón en la playa contigua al hotel. Quizás en ese momento, el mar estaba meditando sobre todos los bañistas que se meten en él durante las vacaciones de verano y cómo equilibraría las cosas si el penetrara en la profundidad de un ser humano. El hecho es que al ser recibido por la primera ola, inmediatamente me sentí extraño: fuera y dentro de mi al mismo tiempo. El doctor adujo que se trataba de una pequeña infección en el oído, algo normal de unas vacaciones en la playa. En resumen: nada de que preocuparse, aunque no podría volver a bucear en mi vida. Pero yo sabía que algo había cambiado, algo había en mi que se contenía e intentaba desbordarse. Desde entonces, imperceptible, el mar recorre mis entrañas, se divierte jugueteando entre los líquidos de mi cuerpo. Supongo que no se aburre y que ha terminad...