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Madre

En la vieja casa donde cada tarde las hordas de niños, hilvanan travesías y ensueños que pasan de uno a otro la entrada de un adulto irrumpe y jala a la niña que lleva al mar en su nombre, afuera del cuarto: Pronuncia las palabras que chocan con el martillo y el tímpano y suenan huecas: Tienes que ir a ver el cadáver de tu padre muerto. ¿Qué se puede entender, a los seis acerca del cuerpo, que es velado, en la mesa donde se toma el desayuno? ¿Qué marca deja el contacto con el frío pesado de ese otro sueño largo y profundo?

Prólogo de El otro, el mismo

Pater escribió que todas las artes propenden a la condición de la música, acaso porque en ella el fondo es la forma, ya que no podemos referir una melodía como podemos referir las líneas generales de un cuento. La poesía, admitido ese dictamen, sería un arte híbrido: la sujeción de un sistema abstracto de símbolos, el lenguaje, a fines musicales. Los diccionarios tienen la culpa de ese concepto erróneo. Suele olvidarse que son repertorios artificiosos, muy posteriores a las lenguas que ordenan. La raíz del lenguaje es irracional y de carácter mágico. El danés que articulaba el nombre de Thor o el sajón que articulaba el nombre de Thunor no sabía si esas palabras significaban el dios del trueno o el estrépito que sucede al relámpago. La poesía quiere volver a esa antigua magia. Sin prefijadas leyes, obra de un modo vacilante y osado, como si caminara en la oscuridad. Ajedrez misterioso la poesía, cuyo tablero y cuyas piezas cambian como en un sueño y sobre el cual me inclinaré después d...

Mar adentro

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Navego en mis aguas, mar adentro, hacia la profundidad de lo que un día fui, hacia el instante de lo que ahora soy. Agua y sueño, mar tranquilo que circundo. Abajo, la arena, desierto, no mar. Llanura solitaria que se extiende, se pierde en el extraño horizonte, Transparencia que, retraza mi andar, le impone cadencia, le devuelve ritmo y olaeaje, a mis pasos que no dejan huella, sino palabras, que trazan sombras, signos que transcriben historias, que se traslapan, y se cuentan a si mismas. Arriba, cielo el mar, ondulante, juegos de reflejos, geometrías del deseo, reflejando mil y un consignas, formas que crean patrones. Sueño el mar, lugar que camino sigiloso, desnudo ante un cetáceo que pregunta por mi andar, mi sed y origen, que despabila inerme en el lecho marino.

Life On Mars

Seu Jorge

Periférico

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Rio de coches que es el Periférico marca mi camino de regreso, de la derrota contra el tiempo, que todo día impone. En esa hora, en que la soledad desgarra los últimos sueños de cada mañana, pasa un coche, a mi lado. Adentro, un amigo que regresa, y me regala una sonrisa: extraña confirmación de que todo viaje es un encuentro, inesperado. Acaso es este rio de luces y coches, que inundan la ciudad, el mismo rio, de Heráclito que nos recuerda, que nada es lo mismo, que nos somos los mismos, y que la noche, reivindica el desencuentro, con el que fuimos, al salir, temprano en la mañana.

Encuentro con dos amigos

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Recuerdos como lluvia, de una tarde de verano, marcan mi reencuentro con dos amigos: Atardecer en un pueblo italiano, en la provincia de Toscana en Popi enigmático nombre que nos persigue con gran alegría y nos recuerda el tiempo que queríamos tenerlo todo, conocerlo todo, incluso lo insignificante. Amanecer en Paris, en un departamento salido de una novela de Georges Perec, troisiéme etage, a droite. Casa de la mamá de Nicolás, petit prince, mezcolanza de culturas evidente al encontrar La Jornada junto al sillón. Hoy Federico es papá, camina a su trabajo y diseña arquitecturas virtuales de ciudades cyberespaciales. Nico regresó a su pequeño planeta, donde guarda, no sin descuido, a la pequeña rosa, en su corazón.

Reunión familiar

Aparecen tres filas en la vieja fotografía de una reunión familiar. Cualquier familia. No, la mía. En donde todos tienen asignado su sitio en la foto y en la vida. En el centro mi bisabuela, madre de trece hijos, anciana milenaria, mirada fuerte, con la frágil mezcla de dulzura y rigor. Sentados, a su lado, los hermanos hombres de mi abuela, niños grandes con trajes grandes, apenas los sostienen. Atrás y de pie, las mujeres de la familia maestras de profesión, madres, viudas, solteras desafiantes. Los niños en la primera fila, sentados, discretos, con una seriedad prestada y punzante, buscando también su lugar en el mundo. A excepción de estos niños, todos están ya muertos, Mi bisabuela muerta hace ya varias décadas, mi abuela muerta, Apenas hace un año Mi tía muerta, Apenas hace unos días. La última entre las mujeres, La última entre los adultos de esa familia de esta fotografía.